Como acertadamente decía Javier Colina en la presentación de su último disco: “Lo primero es elegir el repertorio, probablemente lo más complicado y lo más importante, como lo es para un cocinero elegir el menú de una comida”.
En este caso, para mi solamente se ha tratado de volver la vista atrás, buscar entre mis viejos vinilos y cintas de cassette y reencontrarme con las canciones con las que crecí. Y para mi sorpresa, ahí estaban, quizás algo polvorientas (el sonido y las producciones de los ochenta han soportado muy mal el paso del tiempo), pero relucientes en su esencia.
Incluso, podría decir que muchas ¡están más vigentes ahora que cuando se escribieron!
Por otro lado, es curioso comprobar cómo las canciones que escuchas de muy joven, dejan una huella tan imborrable en tu memoria. Puedes recordar sus melodías y sus letras muchos años después de haberlas oído por última vez, con tan solo evocar un riff de guitarra. No sabes qué lugar ocupan, pero están ahí y viajan contigo a cada paso que das. Simplemente esperan hallar un pequeño resquicio de luz para volver a la vida, igual que los vinos añejos ansían el sonido del descorche para recuperar su juventud perdida.
Así pues hoy, con estos ingredientes y descorchando un buen vino (como los que nos ofrece sabiamente Rogelio cada vez que visitamos Urkiola), hemos decidido hacer un viaje en el tiempo para redescubrir esas viejas recetas de la “cocina musical” española de los años 80 y dotarlas de una savia nueva.
Esperamos sinceramente que el menú sea de su agrado.
Gerardo Ramos